Dead Santa

Pablo de la Barra

Escuché un ruido, esperé unos segundos y el tipo apareció en la chimenea; sin pensarlo dos veces, accioné el gatillo del mágnum de mi padre y le cosí a balazos. El cadáver quedó tendido al lado de su bolsa infinita de juguetes, de la cual por supuesto me apoderé.

Es el crimen perfecto: en estos tiempos ya nadie cree en Santa Claus.

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