Por André Reinoso

De las entrañas del mar surgió la bestia
De las entrañas del mar surgió la bestia

Era marzo de 2013 y la Tierra aún no se recupera de los terremotos y tsunamis a escala planetaria que produjo el impacto de un enorme asteroide que chocó contra el océano Atlántico. La colisión causó devastación en todos los continentes, arrasando ciudades enteras, convirtiendo a ricos en mendigos, a soldados en mercenarios, a seres racionales en caníbales. El cambio climático, la caída de los sistemas económicos, el uso de armas nucleares en guerras fraticidas y el primer contacto directo con seres extraterrestres, marcaron los momentos más cruciales en la historia humana.
Todas esas señales antecedieron al desastre, pero aun faltaba lo peor.

La profecía del día del decimotercer Baktún del calendario Maya que presagió el fin de los tiempos, y que con increíble exactitud se cumplió en diciembre de 2012, olvidó un pequeño detalle. Aquella bola de fuego venida desde el espacio, que juntó mares con rascacielos, propició algo aún más terrible: un despertar. El despertar de una terrible criatura, que se creía sólo formaba parte de las leyendas, de los pasajes bíblicos, de las simples metáforas.
Su nombre: Leviatán.

El despertar de la colosal bestia ocurrió de manera paralela al impacto profético, y ahora, sedienta de almas y venganza, había comenzado su ruta de sangre, de exterminio. Aniquilar los restos de civilización de aquel pequeño planeta azul era su misión. Ya había devorado ejércitos diezmados por las guerras, donde irónicamente tropas de judíos, árabes, chinos, rusos y americanos, se tornaron en aliados para detener el avance de aquella demoníaca y gigantesca serpiente, de ese invulnerable grifo dragón.
Tan grande como una montaña, Leviatán era tan ágil en las aguas como en los aires. Sus ojos y boca expelían un fuego maligno que derretía el más duro de los aceros y su cuerpo escamoso resistía inmune los ataques de cualquier máquina de guerra. Los veloces cazas y misiles, sólo eran moscas que engullía en sus fauces que semejaban la puerta del infierno. Leviatán personificaba el poder. Nada parecía detenerlo.
– Habitantes del planeta tierra, hoy me dirijo a todos ustedes en el afán de hablarles en nombre de la esperanza. En medio de esta horrible pesadilla que vivimos personificada en ese terrible monstruo que amenaza nuestro legítimo derecho a caminar libres por el mundo. Por designio de Dios, los que hemos sobrevivido, somos ahora una sola nación, somos un país de supervivientes -por un momento, un demacrado Barack Obama tomó aire y prosiguió su discurso- No voy a mentirles, Leviatán es indetenible y el arsenal para la defensa del planeta se agota, así como los recursos vitales -Barack tomó nuevamente aire-, por ello paso a hablarles sobre la operación Noé que comenzará el día 30 de abril. Una misión que marcará el futuro de la humanidad.

La débil transmisión satelital comenzó a distorsionarse, poniendo en vilo el corazón de los pocos millones de seres humanos que escuchaban atentos aquel discurso.

-1011 niños de entre 1 a 11 años han sido seleccionados por una raza extraterrestre con la que tenemos contacto desde hace décadas, y que como todos ustedes saben, se mostró al mundo hace poco. Ellos nos alertaron sobre la hecatombe que estamos padeciendo y nosotros lo tomamos como un simple juego. En nuestra soberbia nos creímos superiores a cualquier cosa, nos hicimos una raza arrogante. El hecho es que nuestros amigos venidos desde la lejana estrella de sirio, nos han confirmado sobre el inminente impacto de otro asteroide aun mayor que se dirige a la tierra y arrasará con todo lo que conocemos el próximo 30 de abril. Sólo puedo decirles que a través de la astronave H-J-O, que estará apostada en lo alto del macizo auyantepuy en la selva venezolana se realizará el éxodo ese día -Obama tomó otra bocanada de aire- la aducción de estos seres humanos no podrá ser detenida por nadie. Les recuerdo que está en juego el futuro de la raza humana, y sólo a través de esta selección podremos perpetuar nuestra especie más allá de nuestra galaxia.

-El fin es inminente ya sea en las garras de Leviatán o por esta nueva amenaza. Nuestras oraciones se elevarán al cielo en forma de esperanzas, estos niños representan nuestras semillas en los confines del Universo. No tenemos otra alternativa, sólo una oportunidad para nuestros hijos. Que Dios bendiga nuestra tierra.

La transmisión se desvaneció.

Ocultos, con el corazón encogido, miles de padres miraban con tristeza a sus más pequeños hijos. Los carcomía la incertidumbre de conocer si sus vástagos estaban seleccionados para formar parte de esa nueva raza humana cósmica, de los inmigrantes del universo. Por momentos, la vena del egoísmo, conminaba a algunos a pensar en no dejarlos escapar, en evitar que fueran llevados a otro lugar. Otros lloraban resignados. Pero en el fondo todos coincidían. Sabían que en aquel nuevo hogar ofrecido por esos hermanos mayores venidos de las profundidades de las estrellas, sus pensamientos de amor superarían los millones de años luz de distancia, porque el pensamiento trasciende al tiempo.
Era eso…o una condena de muerte.

30 de abril
Desde la selva venezolana, la astronave H-J-O se preparaba para la operación Noé. Millones de hombres y mujeres lloraban alrededor del mundo cuando vieron desvanecerse a sus más preciados retoños. Una suerte de lluvia de centellas comenzó a llenar el firmamento. Como abejas camino al panal, los infantes elegidos volaban rumbo al macizo guayanés, fundiéndose en una sola luz.

La estela atrajo la atención de Leviatán que enfiló raudo su vuelo para destruir, devorar la esperanza que viajaba inocente. Varias dentelladas lanzó la bestia. Pero la nívea estela parecía ser más rápida, esquivando los embates del monstruo. De pronto, el demonio se detuvo en seco, dilatando sus negros ojos, sorprendido por otra luz que apareció en la noche eterna que asolaba al mundo.

Y por primera vez, Leviatán retrocedió, y experimentó el terror de lo inminente. Sabía que esa luz no le haría dormir, como cuando los dioses le condenaron a su prisión onírica en las profundidades marinas. Sabía que la muerte estaba contenida en esa roca de fuego. Que su destino estaba marcado.

Y huyó. Trató de esconderse pero no pudo. Y se miró en el mar, y recordó los ojos de terror de los por él devorados, y sintió miedo. Así que voló al Jabal Al Lawz, aquella montaña donde fue concebido. Allí se apostó, a esperar su muerte, con sonrisa siniestra porque sabía que el resto moriría con él y cerró los ojos.

Y de pronto todo fue oscuridad.
El asteroide consumió toda forma de vida en la Tierra, hasta al invencible Leviatán.
Mientras, desde la astronave H-J-O observaban la destrucción del que en algún tiempo fue el más hermoso planeta del sistema solar.
Un niño atinó a preguntar a uno de aquellos seres gentiles, a un alienígena de grandes ojos que también observaba aquel espectáculo cósmico, qué fue lo que pasó.
-Fueron destruidos por la personificación de su propia maldad…

El alienígena se alejó, asegurándose de estar a solas. Con sus largos dedos oprimió una suerte de lector que activó una pantalla.

Su mensaje claro. Siniestro.

-Su alteza, vamos en camino. Llevamos en la nave la valiosa carga. Nuestra futura raza de esclavos…

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Un comentario en “El día que despertó Leviatán

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