André Reinoso

hormiga

Leía en voz alta -la más fiel y cercana compañera a la reina muerta- la terrible profecía que se avecinaba a toda la conmocionada comunidad.

– Y vendrá el Apocalipsis en forma de agua, fango y piedras. Una mano gigante venida del cielo acabará con nuestro hogar… solo algunos sobrevivirán. La muerte de nuestra reina es el principio del fin.

Y así cientos se refugiaron.

Alimentos resguardaron.

La organización pudo más que el miedo.

El Apocalipsis llegó.

Un gigante de 9 años desató el armagedón.

El chorro de una manguera desató el diluvio en aquel otrora próspero y rico reino.

Una mano armada de una espátula hirió de muerte a un negro ejército que nada pudo hacer.

“Juan, es hora de comer”.

Aquella frase detuvo la aniquilación.

Ahora, hormigas hechas Noé, naufragaban en hojas por riachuelos de jardín.

Otra civilización construirían –dijo la nueva reina-

Hasta que otra profecía vociferen –pensó una obrera.

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