Los Barrosos 2

Julio Alejandro WilcKock

Eran las 4 de la madrugada del 14 de diciembre de 1922. Una llovizna ligera caía sobre el caserío La Rosa del municipio Cabimas, en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, estado Zulia. Era una tranquila aldea de pescadores con ancestral vocación maderera. Una aldea que solía despertar con el rumor de los hombres que volvían en sus barcas con el fruto de la pesca.

Pero esa madrugada fue distinta. Los cabimenses despertaron con un estruendo que parecía anunciar un terremoto. A tres kilómetros de la costa, un grupo de obreros de la Venezuelan Oil Concessions fueron testigos de un hecho que haría historia: cual cañón subterráneo, el pozo Barroso 2 roncaba como un monstruo a punto de despertar y disparaba esporádicas piedras. Luego, empezó a expulsar gas y petróleo a baja altura. Pero la presión del pozo siguió creciendo hasta que sucedió lo impensable…

Una metralla de piedras salió disparada desde las profundidades de la tierra, volviendo trizas la cabria que coronaba el pozo. El mene manó con potencia irrefrenable hasta convertirse en una alta columna de casi 100 metros de altura, cuya alta copa se abría en el aire para diluirse en una oscura bruma. Los obreros, agradecidos por el portento, bailaban al son de una alegre gaita de tambores, portando una imagen de San Benito bañada de petróleo. Durante nueve días llovió el Oro Negro sobre Cabimas, con un chorro del que brotaban 16 mil metros cúbicos diarios.

Floyd Merritt, un geólogo de la época, calculó que del reventón de Los Barrosos 2 brotaron 900 mil barriles de petróleo. El crudo emergido cubrió un área de 300 hectáreas. Fue sacado a través de un oleoducto provisional y llevado en barcos a Curazao. Periódicos de la época reportaron que para 1923, el pozo Barroso 2 producía 90 mil barriles al día.

Todos los ojos del mundo se posaron sobre Venezuela. Comenzó así la explotación a gran escala de este recurso en la Patria de Bolívar. En 1928, Venezuela se convirtió en el mayor exportador de hidrocarburos del mundo, condición que mantendría hasta el año 1970. Y así, casi en un abrir y cerrar de ojos, la apacible nación rural descubrió su vocación de Gigante petrolero.

Los Barrosos 2 II

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