pizza
Luis Salgar

Fui a comprar algunas frutas en un mercado a cielo abierto; cuando
saqué un billete para pagar sentí un arrebatón y desapareció el
billete de mi mano, vi a un niño como de siete años que salió
corriendo, llevaba una franelilla que alguna vez fue blanca. Este niño era de piel oscura y cabello ensortijado, desapareció en un momento, era raudo como una saeta.
No me quedó otra alternativa que sacar otro billete, pero esta vez
miré a todos lados para ver si no había otro rapaz acechándome.
Di unas vueltas por el mercado y en la acera de una venta de
empanadas, estaba el chiquillo comiéndose una de estas empanadas,
saqué otro billete, me acerqué se lo di y le dije:
-Toma, cómprate un jugo.
El niño dejó de comer su empanada y me miró.
-¿Me va a mandar preso?
-Si me das de tu empanada no te mando preso.
Me la alargó.
-Tome.
-No, estoy jugando.
Le acerqué el billete.
-Cómprate un jugo.
-Gracias señor, ¿me lo puede pedir?
-Si.
Me acerque al dependiente, pedí el jugo y se lo di al niño.
-Gracias señor.
-Por nada, ¿como te llamas?
-Simón.
-¿Cómo el Libertador?
-Si, y voy a ser como él.
A la semana siguiente volví al mercado, con la intención de comprar frutas, pero también me picaba la curiosidad de saber cómo estaba Simón.
Lo vi sentado en un camión que estaba vendiendo mandarinas, estaba
comiéndose una de éstas.
Lo llamé. Vino velozmente.
-Hola señor.
-Hola Simón, ¿quieres comerte una empanada?
-Si señor tengo hambre, aquel día le quité el dinero para comer.
-Lo sé Simón, vamos a hacer algo ¿ves aquel restaurante? Vamos a comer allí.
– No me dejan entrar.
-¿Porque no te dejan entrar?
-Porque una vez tomé una comida de una mesa y salí corriendo.
-Tranquilo, tú me sigues.
-Señor, este muchacho no puede entrar.
-¿Me puedes decir porque?
-Porque es un ratero.
-¿Qué te robó?
-Se llevó un plato de comida.
-Y llevarse un plato de comida por tener hambre ¿es robar?
-Bueno señor nos lo hubiera pedido.
Y, ¿tú crees que le hubieran dado el plato de comida?
El hombre se quedo pensativo.
-¿Verdad que no? Él viene conmigo y si hay algún problema llamo a
protección del menor.
-Siéntate Simón, pide lo que lo que quieras.
-Señor…
-Me llamo José.
-Señor José, quiero una de esas redondas que tienen tomate y queso.
-¿Una pizza, La quieres grande?
-Si una muy grande.
-Creo que no vas a poder con una grande, te voy a pedir una mediana.
-Está bien señor José.
-¿Te la comiste toda?
-Se lo dije y me tomé toda la gaseosa.
Eructó.
-Señor José disculpe se me salió.
-No te preocupes Simón, en un país de Asia no recuerdo cual cuando la gente eructa después de comer, quiere decir que la comida estuvo excelente.
-Je,je, dicen que la comida es buena con una cochinada.
-¿Con quién vives?
-Con mi tía Ramona.
-Y ¿porque no estás en casa? ¿No vas al colegio?
-Mi tía Ramona no me lleva a la escuela, llega por la mañana, mis
amigos dicen que trabaja en la Libertador, yo creo que es una tienda que se llama la Libertador, pero en esa tienda trabajan de noche, llega hedionda a licor y acompañada con tipos, cuando llega me echa para la calle.
-Y ¿dónde esta tu mamá?
-Por la calle recoge latas de cerveza y siempre anda como ida, yo le hablo y no me responde, yo creo que no se da cuenta de que soy su hijo, por eso vivo en la casa de mi tía, pero hasta que llega de trabajar, porque después, para la calle.
-Simón ¿te gustaría vivir conmigo?
-¿Donde vive usted?
-En un apartamento, en un edificio por aquí cerca.
-Y si no me gusta ¿me puedo venir?
-Si, Simón, pero primero tendría que hablar con tu tía y con tu mama.
– A mi mamá la podemos ver por la calle pero siempre anda como en las nubes y a mi tía, abría que irla a buscar a la tienda la Libertador, si es por mi tía no hay problema, siempre dice: por qué no te vas o te mueres.
-Hoy es sábado, el martes vengo para que vayamos a buscar a tu mama y a tu tía.
-Está bien señor José.
El martes desperté contento, era el día de hablar con la familia de Simón, Katy estuvo de acuerdo conmigo, teníamos que rescatar a ese niño de las calles, faltaban dos meses para la boda, el papeleo de la adopción podría durar como dos meses, tendría algo en que pasar el tiempo antes de la boda.
Llegué al mercado, vi a Simón corriendo hacia mi, imaginé que me había visto, no vio el auto, este le dio de lleno arrastrándolo por un trecho, corrí hacia el, abrió sus grandes ojos negros como la noche, me miró, se sonrió y estiro hacia mi la mano con un trozo de pizza. El mesonero se devolvió hacia el restaurante.

pizza deliciosa

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