Vuelvan Caras Óleo de Arturo Michelena

Julio Alejandro Wilckock

La acción transcurrió el 2 de abril en Guasimal, actual estado Apure, en el sector denominado “Las Queseras del Medio”. Frente a frente, , únicamente separados por el río Arauca, patriotas y realistas se aprestaban para la batalla. Sin embargo, la lucha lucía desigual: 153 jinetes venezolanos por 1.200 efectivos hispánicos

Para iniciar la refriega, se hacía necesario cruzar las aguas. Pero la prudencia aconsejaba no dar ese primer paso. La espera impacientaba a José Antonio Páez y sus lanceros y al realista Pablo Morillo y su nutrida tropa.

A la cabeza de sus jinetes, Páez se aprestó a realizar un reconocimiento de las huestes enemigas. Cabalgaron bordeando el río. Los invasores contemplaban atentos.

Y de repente la audacia dio paso a lo inesperado. Los ciento cincuenta y tres jinetes patriotas cruzaron el Arauca, se lanzaron contra el mismo centro de la línea española y abrieron una brecha en ella. Pero para sorpresa de los europeos, los lanceros, en lugar de seguir el combate, emprendieron una veloz huida, en siete grupos que cabalgaban en líneas paralelas.

Confiado en su mayor poder de ataque, Morillo ordenó a todas sus fuerzas hostigar y aniquilar a los jinetes patriotas. Perseguidos y perseguidores recorrieron un buen trecho, hasta que Páez levantó su lanza y gritó a los suyos: “¡Vuelvan, carajos!”.

Como una tromba, la caballería criolla arrasó con todo lo que le salía al paso. Con lanzas, cuchillos y machetes en mano, traspasaban a bestias y hombres, mutilaban a cuánto enemigo se les colocara al frente. Así, rodó por tierra la primera línea de jinetes realistas.

Y la segunda.

Y la tercera.

Aterrorizada, el resto de la tropa de Morillo dio media vuelta y huyó en desordenada estampida, atropellando y llevándose por delante a sus propios compañeros de armas, que marchaban a pie. Estos, desesperados, comenzaron a atacar y a atravesar a sus propios jinetes, intentando escapar de una muerte segura. La situación en las filas hispánicas era un completo desastre.

Al final de la conflagración, la tropa realista había sufrido más de 400 bajas, por apenas 2 de los lanceros criollos.

El Gigante de América, Simón Bolívar, felicitó a Páez y a sus fogosos lanceros diciéndoles: “Acabáis de ejecutar la proeza más extraordinaria que pueda celebrar la historia militar de las naciones. Lo que habéis hecho no es más que un preludio de que podéis hacer…”.

Y así José Antonio Páez se convirtió en la “Primera Lanza de los Llanos”.

Sin embargo, después de 1830, esa lanza que luchó por la libertad americana se volvió contra el pueblo y contra el proyecto integracionista del padre Bolívar. Se volvió lanza goda y traidora, presta a defender los intereses de la oligarquía. Lanza que traspasó el sueño de una América grande, convertida en potencia.

Jose Antonio Páez
Jose Antonio Páez
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