Cristofué

Johan Rivas

-¡Caaafeeé! -canta el hombre su tonada y el cristofué clandestino en la arboleda se despabila y se contagia.

Así se van sumando otras aves a la orquesta mañanera.

El cafetero replica como director de orquesta:

-¡Caaafeeé!

Y así anuncia el inicio de la jornada.

Pero el alba aún no despierta hasta que atraviesan el cielo unas guacamayas.

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