Glen Cook
Glen Cook

Por Carmelo Urso

Glen Cook es un escritor estadounidense que nació el 9 de julio de 1944 en la ciudad de Nueva York. Es el creador de la saga de “La Compañía Negra”, la cual abarca hasta ahora 10 amenos volúmenes. Se le considera, con razón, uno de los renovadores de la fantasía épica.

Sus historias suprimen toda mención de princesas encantadas, dragones mitológicos y hadas bondadosas.
Tampoco sucumben a la cándida nostalgia de las fábulas seudo-medievales. Sus narraciones, de descarnado tono militarista, están pobladas de magos amorales, mercenarios endurecidos y poderosísimos seres espirituales que actúan más como políticos que como dioses, más como altos mandos castrenses que como seres del más allá.

La Compañía negra

La influencia de Glen Cook sobre escritores como George R. R. Martin (autor de “Canción de Hielo y Fuego), Andrzej Sapkowski (quien dio vida al personaje de “Geralt de Rivia”), Paul Kearney (“Las Monarquías de Dios”), así como de Steven Erikson y Ian Cameron Esslemont (creadores de la saga “Malaz: el Libro de los Caídos) es más que obvia. Cook es uno de los responsables de que la fantasía épica actual haya adquirido un carácter más adulto, menos ingenuo, más contemporáneo.

Paradójicamente, sus ficciones fantásticas nos sumergen en un realismo que abunda en atrocidades bélicas. En sus batallas suelen morir, como mínimo, cientos de miles de personas, a veces incluso millones. Su prosa –cortante como bisturí, tajante como hacha afilada– está desprovista de lujos líricos, pero abunda en sabios aunque maliciosos aforismos. De la lectura de los tres primeros volúmenes de “La Compañía Negra” (“La Primera Crónica”, 1984; “Sombras Fluctuantes”, 1984; “La Rosa Blanca”, 1985) he extraído las siguientes frases:

El amanecer es maravilloso. Su único inconveniente es que aparece en el momento más incómodo del día.

Ninguna venganza tan terrible como la que complota un cobarde en lo más profundo de su corazón.

El mercenario reordena su estructura moral para que encaje con las sórdidas necesidades de su forma de vida.

Después de un tiempo te acostumbras tanto a ciertas personas que eres capaz de leer sus mentes.

El Mal depende de dónde estéis, señalando con vuestro dedo acusador.

Sombras Fluctuantes Glen Cook

Un hombre que a duras penas mantiene un armisticio consigo mismo nada hace sondeando el alma de otro.

Las mentes simples se dejan regir por respuestas simples.

Los héroes muertos no reciben una segunda oportunidad.

Un ejército sin fe en sí mismo está más derrotado que un ejército vencido en pleno campo de batalla.

La naturaleza humana es nuestra hoja más afilada.

La gente pequeña tiende a odiar, tiende a culpar a otros por sus propias insuficiencias.

Apenas te detienes y comienzas a echar raíces.

La Rosa Blanca Glen Cook

La guerra es un negocio cruel manejado por personas crueles.

Cada casta gobernante crea su propia raza de enemigos.

Cuanto más pequeño tu batallón más astucia aprenderás.

El destino es una zorra voluble.

No hay villanos autoproclamados. Sólo hay regimientos de santos autoproclamados.

Cuando eliges bando guiándote por tus emociones siempre te sumarás a los rebeldes.

No confundas el costo del caos con el precio del orden. No es en absoluto lo mismo.

El clima perpetuamente abrasivo le hace mal a la razón de los hombres.

Solo Un Ojo La Compañía Negra Glen Cook

Mejor una alianza que un tributo.

La opción de la alianza puede ser el menor de varios males.

En retrospectiva, los estúpidos pueden convertir cualquier cosa en un presagio.

Los mejores agüeros son aquellos que adivinan a partir de los portentos del pasado.

Un ser humano no puede sobrevivir sólo a fuerza de odio.

Los príncipes depuestos siguen actuando como príncipes.

Nuestro ayer es un fantasma que se niega a desaparecer. La muerte es el único exorcismo.

Nuestros afanes no tienen ningún significado para el largo ojo del tiempo

Sólo un verdadero conquistador se toma la molestia de honrar a un enemigo caído.

Un desfile de débiles gobernantes con cortos períodos en el cargo relaja fatalmente la disciplina.

A veces desempolvo mis viejos sueños, con condescendiente asombro ante la ingenuidad del joven que los soñó.

La Compañía negra 2

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