rubaiyat_ford_watercolor_300dpi3

Por Carmelo Urso

En persa, la palabra rubai significa “cuarteta”. Su plural es Rubaiyat, título de la obra del más famoso de los poetas de esa antigua región del mundo, Omar Kahyyan. Pero rubaiyat no sólo es el título de un texto; también es un género poético breve de muy vieja data. Su invención se atribuye a Bashsar Ibn Burd (714-783), poeta que escribía tanto en su natal lengua persa como en árabe.
Bashsar Ibn Burd nació ciego, circunstancia que no le impidió disfrutar de una vida licenciosa. Sus versos retratan las delicias del vino, del buen comer y del sexo fogoso con esclavas y cortesanas. Cuando no se ocupaban de lo carnal, sus rimas rezumaban ironía herética o velada crítica a los poderosos. Por blasfemo, y por criticar a su rey, fue condenado a muerte. Tuvo un final poco piadoso: su cuerpo maniatado fue arrojado a las aguas del río Tigris.

Aquí algunos de sus rubaiyats, traducidos en versión libre:

Lloro por los que me ofrendaron su afecto
Y cayeron dormidos después de despertarme
Son los mismos que me urgieron a levantarme
Y luego tuvieron miedo a sentarse.

ა ა ა ა ა ა

Abandonaré este mundo, atrás dejaré tu amor.
Siempre vivo, dentro de mi pecho,
Bajo mis descarnadas costillas,
Nadie será capaz de sentir mi presencia.

ა ა ა ა ა ა

En la tristeza, en la alegría, conmigo mismo, con otros,
Trabé y destrabé largas relaciones.
Nunca terminarán, nunca tendrían fin
A menos que la eternidad acabe.

Poster - Omar Khayyam_03

Tres siglos después de la muerte de Bashsar Ibn Burd, nació el mayor exponente de este género poético: Omar Ibn Ibrahim al Khayyami (nombre que él abrevió en Omar Khayyam, que significa fabricante o tejedor de tiendas). Vio la luz en Nishapur, actual Irán, en 1050 y murió en la misma ciudad en 1123.

Fue hombre de múltiples facetas: En 1070, completó su Tesis sobre Demostraciones de Álgebra y Comparación, trabajó que le deparó fama entre los círculos científicos de su época. Posteriormente, erigió un observatorio astronómico en Marv (actual Turkmenistán), el cual dirigió durante 18 años. Tal era su talento para las matemáticas y la astronomía que el sultán le Malik Shah I encargó la corrección del antiguo calendario persa, llamado zaratustrano. Khayyam calculó la duración del año con espectacular exactitud. Su error es de un día cada 3.770 años, margen menor que el del calendario gregoriano (de un día cada 3.330 años). El calendario de Khayyam fue formalmente inaugurado el 15 de marzo de 1079, y es el calendario empleado todavía hoy por los persas.

Omar Khayyam

En 1092, tras realizar su peregrinación a La Meca, según la costumbre musulmana, y a su regreso a Nishapur trabajó como historiador y maestro en matemáticas, astronomía, medicina y filosofía, entre otras disciplinas. En 1094, después de la muerte de su padre, escribió su famoso trabajo literario, los Rubaiyyat, el cual constaba de un millar de cuartetas.

Los poetas de la modernidad tienen a cultivar un verso oscuro, críptico, en el que el significado se encubre celosamente. Muy lejos de este proceder es la poesía de Khayyam. Su verso, con una expresión cristalina, no escatima la elucidación filosófica, el rapto místico, la alegoría erótica y las delicias de la carne. Como filósofo es materialista y escéptico (“más allá de la materia no existe nada, el mundo está hecho a base de la unión de partículas que funcionan por mera casualidad”). Esta contundente cuarteta, en versión literal sin rimas, refleja su visión del Cosmos:

El mundo inmenso: un grano de polvo en el espacio.
Toda la ciencia de los hombres: palabras.
Los pueblos, las bestias y las flores de los siete climas: sombras.
El fruto de tu constante meditación: la nada.

Estas otras también son devastadoras, tajantes:

¿Piensas en tus antepasados? Son polvo con el polvo confundido.
¿Hablas de sus méritos? Mírame sonreír.
Toma esta ánfora y bebamos, escuchando,
sin inquietudes, el vasto silencio del universo.

ა ა ა ა ა ა

Anhelar la paz en este mundo: locura.
Creer en el reposo eterno: locura.
Después de muerto, breve será tu sueño: renacerás
en el césped que todos pisotean o en la flor que el sol marchita.

ა ა ა ა ა ა

¿Por qué te aflige el cometer tanto pecado?
Inútil es tu tristeza.
¿Qué hay después de la Muerte?
La Nada o la Misericordia.

omar-khayyam-80s

En otra vertiente, su verso fogoso, ahíto de carnalidad, fluye por las delicias del amor físico con una intensidad mística. Estas estrofas ebrias claman por el intenso goce del presente, sin reparar en las ficciones teológicas del paraíso o el infierno:

Oigo decir que los amantes del vino serán condenados.
No hay verdades comprobadas, pero hay mentiras evidentes.
Si los amantes del vino y del amor van al Infierno,
vacío debe estar el Paraíso.

ა ა ა ა ა ა

No dejes de recoger todos los frutos de la vida.
Corre a todos los festines y elige los más grandes cálices.
No creas que Dios lleva la cuenta
de nuestros vicios y virtudes.

ა ა ა ა ა ა

La luna de Ramadán acaba de salir.
Mañana, el sol bañará la ciudad silenciosa.
Los vinos dormirán en las ánforas
Y las doncellas en la sombra de la espesura.

ა ა ა ა ა ა

¡Bebe vino! Te darás la vida eterna.
El vino es el único capaz de restituirte la juventud.
¡Divina estación de las rosas y de los amigos sinceros!
¡Goza del instante fugitivo de tu vida!

Rumi

Pese a su materialismo, pese a su irrefrenable ebriedad, Khayyam se convirtió en el poeta modelo de místicos sufíes que como Rumi y Hafez buscaban la unión absoluta con el Uno. Esta cuarteta revela que la vulnerable intimidad de nuestro ser engloba al macrocosmos y el microcosmos:

Más allá de la Tierra, más allá del Infinito
Buscaba yo el Cielo y el Infierno.
Pero una voz grave me dijo:
“Cielo e Infierno están en ti”.

hafez

El persa Hafez (Shiraz, actual Irán, 1325 – Shiraz, actual Irán, 1389), emborrachado de la presencia de Dios y del verso de Khayyam, escribió trescientos años después:

Las rosas rojas han florecido
los ruiseñores están del todo ebrios.
Por doquier, el clamor y el grito del éxtasis:
¡Oh sufí, devoto del Eterno Ahora!

William_Blake

También hay ecos de Khayyam en esta cuarteta del inglés William Blake (1757-1827) escrita en el lejano siglo XIX:

Para ver el mundo en un grano de arena,
Y el Cielo en una flor silvestre,
Abarca el infinito en la palma de tu mano
Y la eternidad en una hora.

El poeta venezolano Eleazar León (Caracas, 1946) ha retomado, en pleno siglo XXI, el metódico cultivo de este género poético. En su libro “Rubayats” (Monte Ávila Editores, Caracas, 2009), explica:

“En el siglo IX la rubay ya era popular y preferida en Persia y Arabia. Por su forma, es una estrofa semejante a la estanza de cuatro líneas de China, al fugaz haiku japonés y al pantum de Malasia, vínculos que agranda y ramifican aún más su origen (…). Se trata de un poema de cuatro versos endecasílabos (es decir, de once sílabas) y de rima consonante del primer, segundo y cuarto versos, dejando libre al tercero”.

Eleazar León
Eleazar León

Veamos varios ejemplos del propio Eleazar León:

En el canto de un pájaro me entrego
A la cautela de soltar mi ruego
Y que vaya con vuelo sostenido
En consumo de amor hacia su fuego.

Analicemos la estructura del poema. Separémoslo en sílabas, incluyendo las sinalefas, vale decir, la unión de la última sílaba de una palabra terminada en vocal y la primera de la siguiente, si comienza con vocal, pudiendo estar precedida de hache muda

en-el-can-to-deun-pá-ja-ro-meen-tre-go (11 sílabas)
a-la-cau-te-la-de-sol-tar-mi-rue-go (11 sílabas)
y-que-va-ya-con-vue-lo-sos-te-ni-do (11 sílabas)
en-con-su-mo-dea-mor-ha-cia-su-fue-go (11 sílabas)

Como podemos ver, los cuatro versos tienen once sílabas. El poema tiene un total de 44 sílabas. Luego, el primero, el segundo y el cuarto verso riman en el sufijo “ego”, mientras que el tercer verso se mantiene libre.

Rubayat 1 de Eleazar Leon, poema foto 001

Otros ejemplos:

Un breve amor es largo en duras penas
Y ando despierto con las manos llenas
De un arrimo de llantos y de olvidos
Y un galope de lunas por las venas

un-bre-vea-mor-es-lar-goen-du-ras-pe-nas (11 sílabas)
yan-do-des-pier-to-con-las-ma-nos-lle-nas (11 sílabas)
deun-a-rri-mo-de-llan-tos-y-deol-vi-dos (11 sílabas)
yun-ga-lo-pe-de-lu-nas-por-las-ve-nas (11 sílabas)

Rima “enas” en primero, segundo y cuarto verso. Tercer verso libre.

ა ა ა ა ა ა

Dame tu mano, sálvame, te ayudo
Que voy de mundo sin ningún escudo
Y me asedia la sed de un cielo abierto
No este rincón en sombras tan desnudo.

da-me-tu-ma-no-sál-va-me-tea-yu-do (11 sílabas)
que-voy-de-mun-do-sin-nin-gún-es-cu-do (11 sílabas)
y-mea-se-dia-la-sed-deun-cie-loa-bier-to (11 sílabas)
noes-te-rin-cón-en-som-bras-tan-des-nu-do (11 sílabas)

Rima “udo” en primero, segundo y cuarto verso. Tercer verso libre.

Rubayat 2 de Eleazar Leon, poema foto 001

ა ა ა ა ა ა

Que doy vueltas de agónico en el viento.
Que no llego a sentir lo que resiento.
Que junto lo ilusorio en espejismo.
Que no me cuido más del pensamiento.

que-doy-vuel-tas-dea-gó-ni-coen-el-vien-to (11 sílabas)
que-no-lle-goa-sen-tir-lo-que-re-sien-to (11 sílabas)
que-jun-to-loi-lu-so-rioen-es-pe-jis-mo (11 sílabas)
que-no-me-cui-do-más-del-pen-sa-mien-to (11 sílabas)

Rima “ento” en primero, segundo y cuarto verso. Tercer verso libre.

ა ა ა ა ა ა

Si es la vida la hechura de tu mano,
Si el mundo es el diamante de tu arcano,
Si has puesto soles, vastedades, vientos,
¿es vano amar, el sufrimiento es vano?

sies-la-vi-da-lahe-chu-ra-de-tu-ma-no (11 sílabas)
siel-mun-does-el-dia-man-te-de-tuar-ca-no (11 sílabas)
sihas-pues-to-so-les-vas-te-da-des-vien-tos (11 sílabas)
es-va-noa-mar-el-su-fri-mien-toes-va-no (11 sílabas)

Rima “ano” en primero, segundo y cuarto verso. Tercer verso libre.

ა ა ა ა ა ა

Un puñado de sal es mi sustento
Y hojarascas mi lecho y tan sediento
Miro las nubes negras, no derraman
Y una orfandad de ser es lo que siento

un-pu-ña-do-de-sal-es-mi-sus-ten-to (11 sílabas)
yho-ja-ras-cas-mi-le-choy-tan-se-dien-to (11 sílabas)
mi-ro-las-nu-bes-ne-gras-no-de-rra-man (11 sílabas)
yu-naor-fan-dad-de-ser-es-lo-que-sien-to (11 sílabas)

Rima “ento” en primero, segundo y cuarto verso. Tercer verso libre.

Rubayat 5 de Eleazar Leon, poema foto 001

ა ა ა ა ა ა

Por llegar a la rosa, toco espinas
Por beber de las agua me encaminas
Por rocas rudas de alcanzar la altura
Pero con ver la cumbre me fascinas.

por-lle-gar-a-la-ro-sa-to-coes-pi-nas (11 sílabas)
por-be-ber-de-las-a-gua-meen-ca-mi-nas (11 sílabas)
por-ro-cas-ru-das-deal-can-zar-laal-tu-ra (11 sílabas)
pe-ro-con-ver-la-cum-bre-me-fas-ci-nas (11 sílabas)

Rima “inas” en primero, segundo y cuarto verso. Tercer verso libre.

ა ა ა ა ა ა

Al colibrí le falta tiempo, bebe
Su licor en relámpagos y mueve
Las alas para darle vida al viento,
Toca el rincón donde la luz se atreve.

al-co-li-brí-le-fal-ta-tiem-po-be-be (11 sílabas)
su-li-cor-en-re-lám-pa-gos-y-mue-ve (11 sílabas)
las-a-las-pa-ra-dar-le-vi-daal-vien-to (11 sílabas)
to-cael-rin-cón-don-de-la-luz-sea-tre-ve (11 sílabas)

Rima “eve/ebe” en primero, segundo y cuarto verso. Tercer verso libre.

ა ა ა ა ა ა

Tiene un sueño de luz la flor del alba
Y de mi soledad siempre se salva
Y de la oscuridad me pone a lumbre
Bajo esa nube negra que cabalga.

tie-neun-sue-ño-de-luz-la-flor-del-al-ba (11 sílabas)
y-de-mi-so-le-dad-siem-pre-se-sal-va (11 sílabas)
y-de-laos-cu-ri-dad-me-po-nea-lum-bre (11 sílabas)
ba-joe-sa-nu-be-ne-gra-que-ca-bal-ga (11 sílabas)

Rima “alba/alva/alga” en primero, segundo y cuarto verso. Tercer verso libre.

ა ა ა ა ა ა

Rubayat

Afirma Eleazar León: “Intentar escribir rubayats en castellano supone, en principio, vérselas con el pasado fabuloso de la estrofa. Pero hay algo más decisivo: a pesar de su origen oriental, escribirlas en castellano vuelve preponderante el espíritu del idioma, su plenitud, su tradición. Vista así, la rubia es una estrofa de cuatro versos endecasílabos, es decir, el verso que introdujeron en el castellano Boscán y Garcilaso en el siglo XVI; también es el verso de San Juan de la Cruz, Lope de vega, Quevedo y Ruben Darío. Entonces, escribir rubayyats en castellano es asimismo labor temeraria, dada tanta gloria de música verbal, tanta raigambre sabia, tanta belleza de siglos ensayados y tanta delicadeza de claridades obtenidas. Sólo la devoción disculpa el atrevimiento. ¿Para qué rubayyats en el tercer milenio, luego ya de siglos de soltura de la forma y destrucciones artísticas? Por soñar, por abandono de novedades que han extenuado a las palabras, por evocación de armonías perdidas, por homenaje a una lengua que no pasa aunque uno termine de pasar, por ofrecerle cuarenta y cuatro sílabas a las sangre y a su distancia, por recorre a tientas la extensión de nuestras verdades, que caben todas en una mano.”

En todo caso, al escribir rubayats hagámoslo con la felicidad del verso ebrio de luz, con la ligereza del pétalo no marchitado por el sol veraniego, con la tersura de la hoja no avejentada por el rigor otoñal. Sigamos el consejo del inmortal Omar Khayyam que una famosa cuarteta nos decía:

Olvida que no lograste la recompensa que merecías.
Sé feliz. No te lamentes de nada.
Lo que te debe suceder escrito está en el libro
que hojea al azar el viento de la Eternidad.

india 2010 265

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