esgrima venezuela

Carmelo Urso

Dice un proverbio: “cuando algo se hace una vez es un experimento; cuando se hace dos, se torna tradición”. En Londres 2012, la esgrima patria alcanzó su más áurea cima con la gesta de Rubén Limardo: con su presea dorada emuló al boxeador Francisco “Morochito” Rodríguez como los únicos criollos en subirse en lo más alto del podio olímpico. En Río 2016, la esgrima obtuvo otra acreditación con un Diploma en la justa por equipos. Así, destacar en este deporte se ha vuelto tradición olímpica venezolana.

Decía Simón Bolívar: “El arte de vencer se aprende en las derrotas”. La nación entera quería que la esgrima repitiera en Río 2016 la medalla de oro obtenida en Londres 2012. No pudo ser. El trío formado por Francisco Limardo, Rubén Limardo y Silvio Fernández fue eliminado por Francia, número uno del mundo. Sin embargo, del tropezón quedó un aprendizaje: sólo quien persiste es capaz de revalidar sus victorias.

Dijo alguna vez el premio Nobel de Literatura, y hombre de ideas progresistas, el gran portugués José Saramago: “La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva”. Por ello, hay algo más importante que los triunfos y los descalabros del deporte: la dignidad del que sabe administrar sus victorias y aceptar sus derrotas. Cosa que saben hacer muy bien los destacados esgrimistas de la Patria de Bolívar.

Rubén Limardo
Rubén Limardo

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