Douglas Niles

El llano de Gehenna era un reino desolado y opresivo, hostil a la vida mortal. Era un mundo construido sobre una vasta e interminable ladera de montaña, siempre escarpada y que no llegaba nunca a un fondo o a una cima. Chorros de vapor surgían de la vertiente y ríos de lava la recorrían, chisporroteando en grandes cataratas, y se depositaban en burbujeantes charcas.
Tales eran los dominios de Bhaal, terrible dios de la Muerte. Bhaal era un dios agitado y colérico, a quien le encantaban los actos sangrientos y violentos. A medida que sus devotos se desparramaban por el mundo, matando en su horrible nombre, él se hacía mas fuerte.
Bhaal buscaba venganza.
Un secuaz del dios había sido asesinado hacía casi un año del mundo mortal, apenas un instante para el dios. Kazgoroth no era el siervo mas poderoso de Bhaal, ni su predilecto. Pero lo había matado un mortal, y el hombre que se atrevía a atacar a un siervo de Bhaal podía atacar igualmente al mismo dios.
La sed de sangre del dios empezó como un sencillo odio, un deseo de ver muertos a aquel mortal y a los que lo habían ayudado. Bhaal preveía sus muertes con lúgubre placer.
Pero aquel hombre era un príncipe. Y era amado por una druida. Esta mujer tenía un poder propio y servía a una diosa que era extranjera y, por ende, odiosa para Bhaal.
Y así su necesidad de venganza evolucionó y se convirtió en algo mucho más terrible que un complot de asesinato. El príncipe era un líder de su tierra, y la druida protegía a aquella tierra. Bhaal creía que no sólo los mortales, sino también su tierra misma tenían que morir.
El dios tenía un poderoso instrumento para llevar a cabo su venganza. El secuaz de Bhaal, Kazgoroth, aunque muerto, no había desaparecido del todo. Un fragmento de la Bestia -su corazón- estaba en poder de uno de sus antiguos servidores, que lo retenía desesperadamente. Bhaal tomó buena nota del Corazón de Kazgoroth. Pronto lo utilizaría.
Sí, decidió. La tierra de aquellos mortales se convertiría en una tierra de muerte, en una nación en que los muertos serían gobernados por los muertos. Ningún ser viviente haría fracasar su empeño.
Así fue concebida la venganza de Bhaal.

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