Dan Parkinson

A excepción de los dragones, que surgieron del propio mundo, el primer pueblo de Krynn fue el elfo.

Los elfos fueron el primer experimento de los dioses, –en particular de Reorx, el Forjador del Mundo–, para crear seres de su propia concepción en un mundo que hasta entonces tenía sólo sus propias criaturas: los dragones, y los animales que eran sus presas.

Y así los dioses proyectaron y crearon a los elfos. Los elfos, a su estilo, eran hermosos, pero los dioses se sintieron progresivamente defraudados al cabo de un tiempo porque los elfos –como tal–, eran fundamentalmente decorativos pero no particularmente funcionales. Se contentaban con existir y tener largas vidas. No hacían nada de verdadero valor. Sólo una cosa hecha por los elfos tenía verdadero mérito: habían reclamado los bosques de Silvanesti como su hogar, con lo que fastidiaron a los dragones, muchos de los cuales consideraban Silvanesti como suyo.

Ésta era la razón de que gran parte de la historia estuviera marcada por escaramuzas periódicas y al menos una guerra a gran escala, que había comenzado con ataques de los dragones a los elfos.

En su preocupación por dar con el equilibrio adecuado, los dioses lo intentaron de nuevo. En esta ocasión, crearon a los ogros. Y, una vez más, se vieron defraudados. Los ogros habían sido una raza prometedora, –aunque falta de imaginación y aburrida–, pero con el tiempo se inició un proceso de deterioro en su cultura y finalmente se convirtieron en los ogros del presente, unos grandes brutos hoscos y huraños que, en el mejor de los casos, constituían una molestia y podían llegar a ser una verdadera amenaza.

Varios dioses probaron entonces a diseñar una clase mejor de seres. ¿Qué dioses pudieron haber originado monstruosidades tales como los goblins, los minotauros y otras criaturas parecidas? No se sabe. Pero esos dioses en particular probablemente estén avergonzados de esas creaciones.

Pero Reorx el Forjador pareció darse cuenta de los problemas que acosaban a su mundo y volcó toda su atención en diseñar la raza perfecta. Entonces creó a los humanos a continuación, utilizando el modelo básico de los elfos pero infundiendo en las nuevas criaturas enormes energías, impulsadas por la certeza de una duración de vida corta. De nuevo fue un buen intento pero todavía imperfecto. Sin duda, los humanos demostraron ser una raza demasiado caótica para gusto de Reorx, e incluso se las arreglaron para desvirtuar sus facultades básicas de manera que algunos de ellos se convirtieron en gnomos y, posiblemente, incluso en kenders (aunque había cierta evidencia de que los kenders pudieron haberse originado de alguna aberración imprevista entre los elfos).

La raza correcta, –la obra maestra del dador de vida–, era todo cuanto cualquier dios podría haber deseado en un pueblo elegido. No tan alta y problemática ni de vida tan corta como la humana, pero tampoco tan indecorosamente longeva como la elfa, la nueva raza estaba dotada con todas las habilidades que un pueblo necesitaba. Fabricaban buenas herramientas y sobresalían en su uso. De miembros robustos y fuertes, podían tallar piedra con la facilidad con que otras razas tallaban la blanda madera. Poseían la imaginación y la inventiva de las que carecían los ogros, el sentido del progreso y la determinación porfiada que no tenían los elfos, y la continuidad de propósito que les faltaba a los humanos.

A través de pruebas y errores, Reorx, en su sabiduría, había creado al fin un pueblo adecuado para el mundo de Krynn: la raza enana. Cuentan las leyendas que Reorx estaba tan satisfecho con su pueblo que, originalmente, los llamó a todos Herrero, aunque aquello acabó por provocar tal confusión que los enanos se dieron otros nombres personales según las necesidades, y, finalmente, ninguno de ellos se llamó Herrero.

De este modo, se establece el origen de la raza enana para cualquiera a quien pudiera interesar.

En los primeros tiempos, los enanos se habían dispersado por toda la faz de la tierra de Krynn en búsqueda de lugares más altos, y las tribus quedaron separadas. Existían leyendas de un lugar llamado Kal-Thax en el que muchos se habían instalado, y quizá también otros muchos sitios semejantes.

La realidad y la leyenda resultaban muy confusas en muchos puntos, pero algunas cosas estaban claras:

–La raza humana se había extendido y multiplicado hasta el punto que nadie sabía quiénes eran o dónde se encontraban todos.

–La raza elfa se había aferrado a los bosques de Silvanesti a lo largo de una docena de asedios de los dragones y de una guerra a gran escala, aunque algunos elfos habían emigrado al oeste y ahora vivían en alguna otra parte.

–Todavía había ogros aquí y allí, incluida una numerosa colonia al sur de Thorin, un lugar llamado Bloten. La arquitectura original de Thorin era de diseño ogro, pero había sido abandonada mucho tiempo atrás, y, tras unas cuantas escaramuzas con los calnars, en la actualidad los ogros tendían a dejar en paz a los enanos.

–Y en algún momento del ahora lejano pasado,  la magia se había introducido en Krynn. Algunos decían que era obra del propio Reorx, llevado al mal camino por otros dioses. Otros decían que la magia había llegado en la forma de una gema gris que descendió sobre el mundo y fue atrapada por los humanos durante un tiempo y posteriormente liberada por los gnomos. Incluso había una leyenda sobre un valeroso y trágico pescador enano que se interpuso en el camino de la fuente de la magia e intentó detenerla derribándola con su lanza.

Pero, procediera de donde procediera, la magia había llegado a Krynn, y para los enanos fue la mayor abominación: un poder carente de lógica, una fuerza sin las racionales y confortadoras reglas de la piedra y el metal, de la luz y la oscuridad, de las lunas y las montañas, y del ritmo de martillos y tambores.

Los enanos no querían tener nada que ver con la magia y hacían caso omiso de ella. Pero sus efectos se notaron.

La última guerra de los dragones en la distante Silvanesti, por ejemplo, era mucho peor que cualquiera de los conflictos previos habidos allí. Esta vez, los dragones habían atacado utilizando magia, y los resultados se habían extendido por todas partes. Poco se sabía en Thorin sobre la propia guerra, salvo que, a medida que los elfos se aferraban a sus bosques y contraatacaban, el conflicto trascendía a otros reinos. Ahora, por todas partes, a lo largo de todas las tierras conocidas, se estaban produciendo grandes emigraciones, y los enanos y sus vecinos estaban muy preocupados. El mal se había puesto en movimiento, y todos lo sabían.

En las hebras de realidad y leyenda había indicios inquietantes, perturbadores. El curso de la historia solía ir en dos direcciones: de vuelta a través del tiempo a lo que había sido y, de algún modo, hacia adelante, apuntando lo que aún estaba por ser.

Se notaba la proximidad de un cambio; un cambio que sería doloroso para todos los pueblos de Krynn. De algún modo, la magia podía tocar las vidas de todas las razas… y  nada volvería a ser igual…

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6 comentarios en “UNA VISLUMBRE DE PROFECÍA (una #fábula cosmogónica que explica el nacimiento de la raza enana en el universo de la #Dragonlance)

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