Sebastián Rafael Curbata Rosario

Un día el fénix Félix se vio en la necesidad de migrar al Sur junto a su familia. Cambios drásticos en su hermoso país de origen les obligaron a huir. La nación Fénix había sido arrasada por Bennu, el verrugoso monstruo carmesí, y su legión de cinabrios, unas bestias mitad burro mitad cabra que se arrastraban rodilla en tierra.

Félix y los suyos recorrieron los cielos de su planeta natal. Con su plumaje de fuego brillaban noche y día en el firmamento. Después de evaluar varias opciones decidieron establecerse en un bello país austral: Basilandia, el país de los basiliscos.

No fue fácil adaptarse. Todo era diferente a lo que Félix conocía. Y aunque los basiliscos hablaban el mismo idioma de los fénix, utilizaban algunas palabras diferentes para referirse a las cosas o a las acciones. Esto hacía que los basiliscos, que eran glamorosos reptiles con crestas en forma de corona en la cabeza, se burlaran de Félix y de su familia por no ser igual que ellos. En la escuela, un basilisco particularmente antipático llamado Manuel, se dedicaba a formar grupos para reírse de él.

Si bien Félix contaba con la suficiente fortaleza interior para sobrellevar la situación, le molestaba cuando le decían que no podría conseguir sobresalir en esa tierra sureña.

Un día, el padrino del fénix Félix envió por correo una inesperada propuesta: le preguntó a su ahijado si quería participar en el Concurso Nacional de Desencriptación para Jóvenes Talentos. Al principio Félix dijo que no. Eso de descifrar códigos secretos le parecía difícil. Pero luego lo pensó bien y vio que la vida le presentaba una oportunidad para destacarse en algo. Nunca antes lo había intentado, pero le dijo a su padrino que sí quería estar en el concurso.

El padrino lo inscribió en la competencia. Con un enorme Búho scandiacus, de ojos azul eléctrico, le envió desde el lejano monte Carcass las condiciones del certamen, acompañado con el mensaje encriptado a resolver.

Cuando Félix llegó a casa recibió emocionado el mensaje. Siguió las instrucciones y comenzó a resolver el enigma. Pasó varias horas pensando, trabajando, interpretando. Números, letras y signos desfilaban por su mente a velocidad de vértigo. A medianoche, descubrió el significado del mensaje. Como por arte de magia, de la hoja de papel la solución brotaba ante sus ojos como si estuviera en tres dimensiones.
Sin perder un segundo, envió la respuesta a su padrino con el Búho scandiacus, que surcó el cielo de la noche como un bólido oscuro. Cuando el sol de la mañana estaba a punto de salir, su padrino recibió el mensaje, quien lo cargó en la página web del concurso.

Más de mil jóvenes seres de Basilandia y naciones vecinas participaron. Pero el jurado consideró que la solución aportada por el fénix Félix era la más eficiente, la más eficaz, la más elegante. Acto seguido lo declararon ganador del concurso. Fue entrevistado repetidas veces por periodistas y youtubers del país para que explicara su método de desencriptación. Y luego de eso fue aceptado por los basiliscos como uno más de ellos.

Pasaron los años. El fénix Félix desarrolló un método de encriptación de datos que fue utilizado por los rebeldes de su nación para organizar operaciones militares secretas. Ese aporte fue vital para liberar al país de los Fénix de las garras de Bennu, el obeso monstruo carmesí, y sus horrorosas legiones de cinabrios.

Y fue así como Félix y su familia regresaron a su hogar originario, a su patria renacida.

De Basilandia se fue con una enseñanza: nunca dudes de ti.

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7 comentarios en “Félix renace

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