Victoria Velásquez

Hace mucho tiempo en la selva había un elefante llamado Lorenzo. Era uno de los más pequeños de la manada; era muy simpático y juguetón y le gustaba conversar con todos.

En la zona donde vivía Lorenzo había una gran variedad de aves, entre las cuales se encontraban guacamayas, cardenales, canarios, colibríes y turpiales; la vegetación incluía orquídeas, tulipanes, girasoles y claveles, entre otras. Había gran cantidad de árboles frutales, bellos ríos y hermosas cascadas donde frecuentemente iba con su manada a refrescarse.

Un día muy soleado Lorenzo amaneció con ganas de ir a la cascada; preguntó a sus amigos si lo querían acompañar y ninguno quiso ir con él.

El elefantito estaba tomando agua en el río cuando de pronto vio un lindo turpial sobre una roca. Lorenzo le dijo:

–Hola. ¿Cómo estás? Soy Lorenzo, el elefante.

–Hola –dijo el turpial con tono muy seco.

–¿Cómo te llamas? –preguntó Lorenzo.

–Ush…. Soy Leíto, el turpial –respondió el ave con gran desagrado.
Lorenzo le preguntó a Leíto si quería jugar; el pajarito respondió:

–¡Yo puedo jugar solo! ¡No necesito a un elefante ni a ningún animal para jugar! No quiero estar contigo, gracias.

Y se fue volando.

Lorenzo se puso un poco triste, pero luego fue a jugar un rato con su manada. Jugaron hasta el cansancio. Lorenzo corrió, cantó, bailó y se divirtió mucho con sus amigos elefantes.

Al ver que era muy tarde Lorenzo dijo que ya era hora de volver a casa; los otros elefantes estuvieron de acuerdo.

Camino a casa Lorenzo vio a Leíto tratando de agarrar una guayaba de un alto árbol para llevarla a su nido y compartirla con sus hermanos. A Leíto le costaba mucho agarrar la fruta.
Lorenzo, al ver a Leíto en ese aprieto, se acercó para auxiliarlo.

–¿Necesitas ayuda amigo?

–YA TE DIJE QUE NO NECESITO TU AYUDA –dijo el turpial muy furioso.
En un arranque de furia, el pajarito agitó tan fuerte sus alas que tropezó y se enredó en una frágil y quebradiza rama del árbol. La rama se partió y el pajarito cayó en un río de aguas turbulentas.
Arrastrado por la corriente, el turpial se dirigía hacia una muerte segura. Pero Lorenzo, con su larga trompa, rescató al ave.
Una vez en la orilla, ya recuperado, Leíto le dio las gracias a Lorenzo por salvar su vida. En agradecimiento lo invitó a compartir la guayaba y se disculpó por haberlo tratarlo de mala manera

–De ahora en adelante cuenta con un nuevo amigo –le dijo el turpial malhumorado al elefante juguetón.

FIN

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Un comentario en “EL ELEFANTE JUGUETÓN Y EL TURPIAL MALHUMORADO

  1. ” El Espejo “.

    El pájaro
    como el hombre,
    se ven en un espejo.

    Cuando
    el primero ve a un elefante,
    se asusta, y el segundo, ¡ se aterra !.

    Amor y gratitud.

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