Alicia Melo

Maravillado, el niño contemplaba el faro desde su ventana en una noche sin luna. El espejo, celoso de aquella escena, reflejó la luz de una estrella para atraer la atención del pequeño, quien al verse en la pulida superficie estiró una mano para tocar su propia imagen. Una lágrima rodó por su mejilla.

—¿Qué te sucede? –preguntó el espejo.

—A través de ti sólo logro ver las desconchadas paredes, un débil rayo de luz y mis harapos. Aquí todo es muy pequeño.

—Eso no importa. Yo soy tu compañero. Juntos nos podemos divertir.

—Quizás sí –respondió el niño-. Pero afuera, allá dónde la luz del faro se confunde con el brillo del agua serena, hay un mundo entero de posibilidades. Está la mar, la brisa, la arena, los barcos, los peces, las sirenas y las estrellas; es allí donde quiero estar.

Furioso por sentirse rechazado, el espejo se dejó caer y se quebró en pedazos. El niño tomó un trozo pequeño y lo guardó en su bolsillo como un recuerdo.

Entonces, saltó por la ventana para ir pos de sus sueños.
En la vida estamos llamados a ser faros, no espejos.

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Un comentario en “El niño, el faro y el espejo

  1. ” El Espejo “.

    El espejo
    me transforma, y al hacerlo,
    se crea una luz tan brillante,
    que en el silencio me convierte en TI.

    Amor y gratitud.

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