Amores sanitarios

Ahora quiero más...

Rod Risk

Metrópolis, zona acomodada de la ciudad, colegio católico… lavado de chicas.
Hormonas, pubescencia, curiosidad, apetito… dos féminas.
–Bésame-
–No sé Marta, tengo miedo…
Las palabras cesaron; los carnosos labios de Marta detuvieron el temeroso verbo de Amelia.
Días después, la culpa las invadió.
Desliz, odio, desprecio, soslayo… deseo.

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¡Házlo! (agónico adiós)

El adiós siempre esconde algo

Rod Risk

–Eres fría- murmuró…
–Debo serlo; en un mundo como éste cuesta sobrevivir.
–¡Ja! Y me lo dices a mí, atada, herida y compartiendo mis últimos minutos con una golfa psicópata como tú… ¡termina el maldito trabajo de una vez!
Apenas tuvo tiempo de ver el reluciente puñal

Iceberg

El más gélido de los inviernos yacía en su interior, eternamente

Rod Risk

Fría, mustia, indiferente… así era ella, un pequeño témpano en el trópico.

El más gélido de los inviernos yacía en su interior, eternamente…

Al principio el amor hizo mella… -el hielo se resquebrajó.

Al final… -nieves perpetuas.

Puro Instinto

no aguantó más…la devoró

Rod Risk

La vio, sudó –coño qué ganas le tengo- murmuró lascivo. Ella estaba allí, incólume ante su mirada fiera; la melcocha corría a gotas por sus bordes, chocolatosa, prieta, olorosa… las estalactitas de babas pendían de su boca; no aguantó más…la devoró –verga, la tortica está buena…